26 enero 2014

Por esto...


Cuando a Edmund Hillary le hicieron la famosa pregunta de por qué subía al Everest, el contestó con la más sencilla y completa de las respuestas posibles: “porque está ahí”. Tenemos que reconocer que nadie nos ha preguntado por que viajamos, pero alguna vez nos hemos hecho esta pregunta nosotros mismos. Si tuviéramos que contestar con una sola frase diríamos simplemente “porque nos hace felices”.

Viajamos fundamentalmente porque nos hace felices.

Viajamos porque nos hace sentirnos libres, dueños de nuestro tiempo, nuestro espacio, nuestro cuerpo y nuestra voluntad.

Viajamos porque somos curiosos y nos encanta serlo, porque se aprende muchísimo, porque el mundo es muy grande y la vida muy corta, porque no queremos que nadie nos cuente como es el mundo ahí fuera: queremos verlo nosotros mismos.

Viajamos porque la vida rutinaria acorta nuestras vidas y apaga nuestras ilusiones y viajar es una forma de ralentizar el tiempo y mantenerlas encendidas.

Viajamos porque ya conocemos una forma de vida y queremos conocer otras, porque queremos saber, sin que nadie nos lo dé por supuesto, si el estilo de vida de donde venimos es el mejor de los posibles, porque no nos gusta lo que vemos a nuestro alrededor, porque no queremos adaptarnos a lo que la sociedad espera de nosotros, porque queremos conocer otra realidad.

Viajamos porque nos gusta sentirnos vivos, porque queremos aprovechar cada minuto de nuestra vida y porque queremos hacer de nuestra vida algo maravilloso.

Cuando uno lleva tanto tiempo viajando a veces nos olvidamos que estamos realizando una de las experiencias más maravillosas de nuestra vida

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