03 octubre 2015

Uyuni...de otro planeta

Llegó el día de cruzar la frontera de Argentina a Bolivia. La frontera de Villazón me habían comentado lo especial que era, lo extraña y que tuviera ojo. Definitivamente que no pasara noche ahí.

La experiencia fue de lo más tranquila, sin nada raro. Recorrer un poco las calles en busca de cambio de los dolares que llevaba y nada, a otra cosa. El cambio es el oficial básicamente, al final lo de ganar dinero con el cambio no me sale. En esta ocasión a 6,90$ por dolar.

De ahí un bus infernal a Uyuni, 11 horas de trayecto en un bus incómodo, pequeño, que no huele especialmente bien y donde pasa más de lo normal lo de repetir asientos. Definitivamente viajar solo te ofrece la oportunidad de conocer a muchísimas personas, de todos los lugares, edades o tipos de personas. Aquí conocí a Matheus, joven brasileño que me acompañó casi todo mi viaje por Bolivia. Un joven sencillo, aventurero y con unas ganas enormes de vivir. Tuvimos mil charlas, experiencias y risas durante estos días.

De ahí llegamos a Uyuni...pueblo que no dice mucho pero que está rodeado de grandísimos regalos para los ojos de cualquier mochilero. Enumerar los paisajes sería imposible, desde la Laguna Colorada, Laguna Verde, Laguna blanca, Arbol de piedra, el Valle de Las Rocas, el desierto nevado, las aguas termales, anocheceres increíbles pero sobre todo el gran Salar de Uyuni. Este es increíble. Parece que vuelas, que flotas en un planeta que no es el nuestro, paisaje eterno y único. Nunca he visto nada igual, porque cerros o montañas hay varias, cascadas quizá, desiertos, junglas, selvas o maravillas pero un lugar así, creo que sólo uno. No puedo evitar emocionarme.

Para ver todo esta región hay varias opciones, tour de 1,2 o 3 días con varias diferencias obvias a primera vista. Yo hice el tour de 3 días, con todo incluído por 900$ bolivianos. Esto vienen siendo unos 120$ pero que sinceramente valen la pena. Miles de lugares, comidas, transporte, sin nada que hacer sino disfrutar del paisaje.

A la vuelta decidimos marchar sobre la marcha rumbo Potosí, donde queríamos ver las minas de plata al día siguiente.






Iguazú...ahí 365 días al año

Tras un largo viaje desde Cabo Polonio a Montevideo, pasando por Salto y Concordia llegué a Puerto Iguazú. Ahí me esperaba Dario, un amigo de Iguazú con una ganas enormes de vivir y ver mundo.

Nada más llegar me fuí a ver las Cataratas de Iguazú del lado brasileño. Con esto un sello más en mi pasaporte y una experiencia inolvidable. El precio es de 18€ la entrada además del bus que te lleva y te trae. Da igual, lo vale. Cuando llegas, nada más bajarte del bus te encuentras ese espectáculo, justo delante de ti, majestuoso, con una fuerza y eenrgía impresionantes. La pasarela a la garganta del diablo es increíble. La cantidad de agua que ves caer de ahí cada segundo...es impresionante. Aquí usé por primera vez la camiseta colchonera. ¡Fotón!

De ahí de vuelta a Puerto Iguazú y a cenar con Dario en su hotel! Que me encantó esa cena...cuanto la necesitaba. Cierto que el pobre Dario no pudo disfrutar tanto al estar trabajando pero yo lo hice por el.

Al día siguiente tocaba ir a las Cataratas Iguazú pero del lado Argentino, un día completo de caminar y ver de mil y un lugares las cataratas. El precio algo más que en Brasil pero bueno. Mucho más para hacer. De nuevo Garganta del Diablo, mil pasillos a pequeñas cascadas, rincones y aunque había muchas personas se estaba muy bien. Me permití el lujo de ir en el barco a meterme bajo la cascada, muy bueno! Aunque eché en falta mi GoPro, inutilizada durante el viaje.

A la hora de la comida una de las anecdotas del día. Me senté a comer en un banco tranquilamente y cuando me di cuenta había como 9 Guachini rodeandome, todos caminando hacia mi con ganas de robarme el sandwich que tenía. Una pareja de americanos vino en mi rescate y alejarlos de mi. Un rato más tarde lo volvi a intentar y nuevo fracaso. Me volvieron a rodear.

De ahí ya tocaba volver a casa de Dario. Tarde de entreno y salir a comer unas empanadas por Puerto Iguazú. Al día siguiente rumbo a Salta para entrar en Bolivia.